River dió otro paso importante mirando la tabla del descenso y le ganó de visitante a Huracán por 1 a 0 con un gol del pibe Affranchino. En la vuelta de All Boys a Primera en Floresta, Vélez fue Vélez y no perdonó: sólo sufrió un poco en el final, ganó bien y es otro de los punteros del torneo, con puntaje ideal. Maxi Moralez fue la llave y el as del Fortín. Estudiantes no tuvo problemas con Quilmes en el Centenario (el Pincha hizo de local), le ganó 2-0 con goles de Braña (no lo gritó por su pasado en el Cervecero) y Rodrigo López (de penal) y se sumó al grupo de cinco punteros. Olimpo venció como local al Lobo platense por 1 a 0 gracias a al gol convertido por Mosset. Hoy cierran la fecha Independiente frente a Argentinos.
HURACAN 0 – RIVER 1
Cappa prefirió no subirse al tren de la gente de River. El equipo ilusionó, pero el DT bajó un cambio: “Hay que estirar el buen funcionamiento al segundo tiempo”. Quiérase o no, River ilusionó después del primer tiempo en el Ducó. Pero Angel Cappa no quiere subirse a ninguna nube. No, el técnico prefiere bajar el entusiasmo: “Falta mucho, River no tiene ninguna chapa. Tratamos de ganar partidos y hacer lo mejor posible”.
Pese a esto, admitió estar contento por el desempeño en la primera mitad del encuentro: “Se acerca a lo que yo pretendo. Pero hay que extenderlo al segundo tiempo”.
Por otra parte, también aseguró que el rival igual juega. “Nos sacaron con empuje, dignidad y entusiasmo. Pero no crearon situaciones de gol y no tuvieron demasiada claridad”, afirmó.
En cuanto al recibimiento de la gente de Huracán, Cappa dijo: “Me dio una emoción muy grande. Este cariño, mutuo, será para siempre. Vivimos momentos muy lindos, muy intensos. Espero que a partir de ahora a Huracán le vaya bien”. Carrizo rescató la solidez defensiva del equipo, que no recibió goles. Y Almeyda, incansable, dijo: “Hacemos un gol y defendemos lo que nos cuesta conseguir”.
“Estamos jugando finales, nadie regala nada. Nos ponemos en ventaja y tratamos de defender lo que nos cuesta tanto conseguir. Es un sentimiento”. Matías Almeyda graficó así cómo encara su equipo cada partido. A diferencia de Tigre, el gol esta vez llegó al principio y River lo supo defender en el segundo tiempo. “La mente es fundamental, siento la confianza que me brinda el cuerpo técnico, los compañeros y la gente”.
Juan Pablo Carrizo también rescató la solidez del equipo. “Concretamos al principio. Tuvimos después varias acciones pero sin suerte. El equipo mejora y cuando no se puede jugar bien, defendemos. El equipo defensivamente está muy coordinado, no dejó espacios para que nos complique. Me gusta salir así, el equipo va en mejoría. Y cuando queda una ocasión de mano a mano tengo que responder, yo me preparo para eso”.
Al igual que Cappa, no se quiso subir al tren de la fantasía: “Todo equipo tiene ilusiones de conseguir un objetivo, pero hay que ganar domingo a domingo, pensando en lo que viene. No hay que cometer errores, esto es un arranque, esto es largo. Lo importante es mantenernos así”. Y remarcó los primeros 45′: “El primer tiempo fue bueno, a diferencia de Tigre se vieron más combinaciones. Es lo que estamos pretendiendo. Al final, con uno menos y se nos hizo difícil llegar al arco contrario”.
ALL BOYS 1 – VELEZ 2
Estaba todo listo para que Floresta volviera a vivir, sentir y respirar el fútbol grande en su barrio. Los dirigentes de All Boys lucharon para que puedan hacer de local en su cancha y lo lograron. Pero la fiesta no fue del Albo. Porque Vélez se plantó y demostró por qué lo tildaron de candidato. De la mano de un encendido Maxi Moralez, bien acompañado por el Burrito Martínez, los de Gareca se llevaron un 2-1 que pintaba tranquilo, pero se complicó con el descuento de Sánchez.
La fiestita fue del Fortín. La adrenalina de ver a su equipo en Primera y en Floresta fue un efecto contagio desde la tribuna al campo. Los once del Albo arrancaron con todo, con la idea de comerse crudo a Vélez. Grazzini por la derecha y Pérez García por la izquierda inquietaron al Fortín, pero fue efímero. Porque Vélez se despertó y fue el equipo que le ganó a Independiente. Somoza ganó el medio, Zapata fue su ladero, Augusto Fernández mejoró, Maxi aportó movilidad, Martínez velocidad y Silva es la amenaza de gol.
M&M fue más dulce que el mismo chocolate. Maxi Moralez abrió el partido con un exquisito tiro libre, inalcanzable para Nico Cambiasso, y luego asistió el Burrito Martínez para bajarle decibeles a la música de Floresta y subir el volumen de la banda de Liniers. La diferencia no sólo se marcó en el resultado, sino también en el juego: Vélez manejó posesión y territorio, y All Boys no encontró ideas para equiparar esa superioridad.
En el segundo tiempo, lo único que cambió fue la suerte. Vélez no aumentó porque los palos le dijeron no a Martínez y Silva (la picó de afuera del área y la bocha dio en el travesaño). Y si no lo liquidas, sufrís. Matos transformó un rebote en centro y Fernando Sánchez la mandó a guardar de cabeza a los 32’. El Albo fue por el empate con más ganas que fútbol y con el apuro de la gente, Vélez pudo apagar esa ilusión (Iván Bella se perdió dos goles), pero fue el árbitro Alejandro Toia quien dijo que la historia ya tenía un final: 2-1. Si Vélez sigue así, con Moralez, Martínez y Silva (la metió contra el Rojo y hoy tuvo un buen partido) en gran nivel, será más que candidato. Gareca, feliz con los tres alegres tigres del Tigre.
ESTUDIANTES 2 – QUILMES 0
Presión. A eso juega Estudiantes, entre otras cosas. Porque presiona, muerde, atora en todos los sectores a su rival. Y recupera rápido la pelota, casi siempre en campo rival.
Cuando la tiene juega a otra cosa, toca, se mueve, busca el espacio libre que siempre llena un compañero que aparece por sorpresa. Lo ahogó Estudiantes a Quilmes en el primer tiempo, en el Centenario, donde el equipo de Alejandro Sabella fue local y el dueño de casa, visitante.
Está aceitado Estudiantes, siempre bajo la voz firme de su comandante Juan Sebastián Verón. Es el primero en correr, en presionar. En ir a buscar a O.J. Morales en el ese
duelo que se dio en el medio. Porque tanto Sabella como Hugo Tocalli buscaron poblar la mitad de la cancha. Cuatro por bando: Enzo Pérez, Verón, Braña y Benítez por un lado; Gustavo Varela, Aránguiz, Morales y Gervasio Núñez por el otro. Ganó el Pincha, por oficio, por fuerza.
Pero no pudo abrir el marcador el local en ese primer tiempo trabado y luchado. Porque Leandro González falló en el disparo desde la media distancia. Porque a Verón se le fue apenas desviada una volea desde la puerta del área. Porque el arquero Tripodi le ahogó el grito a la Gata Fernández. Entonces el partido se fue apagando y se estancó en el medio. Para Quilmes llegar al arco de Orion era una travesía en la que podían quedar uno o dos soldados averiados. Un pase de Raymonda sobre la derecha exigió al
arquero Pincha ante la entrada de Varela, pero eso fue todo. Poco peligro en el primer tiempo. Quilmes se refugió en su doble línea de cuatro y Estudiantes empujó con los dientes apretados (hasta Desábato salió a presionar al arquero rival), pero con poca claridad para atacar.
Frente a frente quedaron Braña y Varela después de un roce en la mitad de la cancha. Subió la sangre a la cabeza, en un partido caliente, que comenzó en el complemento como había terminado en la primera etapa. Es que en el palo por palo en la mitad de la cancha, la pierna fuerte, la fricción; Quilmes se empezaba a sentir más cómodo, aunque comenzaba a renunciar a la idea de ganar el partido por convencimiento y esperar que una contra salvadora le diera los tres puntos.
Tuvo que mover el banco Sabella. Por eso puso a Hernán Rodrigo López por la Gata Fernández, que se fue con un golpe en la boca del estómago. Y enseguida el delantero uruguayo puso en apuros a la defensa local. Ganó en altura el Pincha, y en presencia en el área. Por eso Tripodi se tuvo que revolcar para desviar al córner un gran cabezazo del ex Vélez, a los 25.
Sin embargo, Quilmes se había amoldado a las condiciones del partido. Y en una apilada de Raymonda tuvo el triunfo J.J. Morales. Gran pase del enganche, mano a mano del delantero con Orión que quedó en el camino, pero nunca le quedó cómoda para definir al nueve. Se lo comieron entre Desábato y Roncaglia. Pero el partido se abrió con esa fórmula, el contraataque. Corrían 35, Quilmes mandó a los altos al área rival. Flojo centro de Gervasio Núñez, pelotazo largo y a correr. Falló Broggi en el cierre y se fue López con la pelota. Hizo la pausa, tocó al medio y Braña llegó al área como un rayo: toque de derecha por encima del arquero que salió rápido a achicar, palo, gol y 1-0. Al final fue el Pincha el que golpeó de contra.
Con la ventaja Estudiantes se tranquilizó y Quilmes tuvo que cambiar su mentalidad, salir del fondo e ir por el empate que ya se había escapado. Sobre el final, López recibió la falta de Broggi en el área (vio la segunda amarilla y la roja en la mano de Beligoy), el uruguayo definió sin problemas desde los doce pasos, selló el 2-0, gritó su primer gol con la camiseta del León y puso a los de Sabella en lo más alto del Apertura.
OLIMPO 1 – GIMNASIA LP 0
El Aurinegro volvió a casa superando a un rival directo por la permanencia, aunque sufrió y volvió a mostrar falta de juego. Un corte de luz frenó a un Lobo que iba…
Con los mismos problemas, claro está, pero con diferente practicidad para resolverlos y sacar la cabeza a flote. Olimpo y Gimnasia pregonan una idea de juego parecida y, por lo que mostraron en estos primeros dos partidos del campeonato, también comparten déficit. Intentan, pero no consiguen manejar la pelota ni ser prolijos en la salida, como tampoco terminan de ser agresivos al atacar. Se nutren de pelotas paradas para alimentar el ping pong de llegadas y les cuesta horrores crear una situación genuina de riesgo. Y ayer, en Bahía Blanca, se vio más de lo mismo: mucha pelota por los aires y poco juego. Todo acorde a los cuatro grados que congelaron, también, cualquier idea.
Los testazos de Delorte, Agüero y Navarro, y el gol de Mosset a la salida de un córner, todo en el primero tiempo, fueron clara muestra de que las apuestas rumbeaban para el lado de la pelota parada. Ni siquiera un parate de 28 minutos, por un corte de luz, reseteó el juego del Lobo y le devolvió la lucidez. Ese virtual tercer tiempo, que duró algo más de media hora, encontró a un Olimpio más aliviado. Martín Rolle lo perdió dos veces (una definición de lujo pasó cerca y en la otra le ganó Sessa) y Gimnasia sólo tuvo una media vuelta de Córdoba que tapó Tombolini cuando el partido ya se terminaba.
Por eso no es extraño que los platenses aún no tengan goles a favor en el campeonato. Sin un creador, Rinaudo, Capurro y Frezzotti (ingresó por el ex Colón) no pasaron a campo contrario de no ser con pelotazos. Demasiado fácil para una defensa que hace una semana había sucumbido con el buen pie de Erviti y no con los pelotazos a Barrales, último ítem que los de Cocca emularon sin éxito. Entonces no es injusto que el Lobo se haya ido de Bahía con las manos vacías. Al fin y al cabo, el local fue el más práctico en una batalla de muchos errores y poco aciertos.
Fuente: Diario Olé






GANA Y MEJORA (publicado en http://tradicionalriver.blogspot.com
Amigos
Pasó Tigre, pasó Huracán y RIVER –aún con la mínima diferencia- salió victorioso de ambos enfrentamientos ante dos “rivales directos” y se acomodó en el lote de la punta junto a destacados equipos, síntoma promisorio de que va a dar pelea en los dos torneos paralelos que disputa: por el campeonato y por salir rápidamente de la temida zona de Promoción.
A pesar de haber conseguido en Parque Patricios el mismo resultado que ante Tigre, hubo marcadas diferencias en el rendimiento alcanzado entre un partido y otro.
Puntualmente me refiero a que se mejoró respecto al debut, especialmente en el juego que desarrolló el equipo durante los primeros 45 minutos.
A partir del tempranero gol de Affranchino –una promesa que transita hacia una feliz realidad- después de una excelente maniobra de Funes Mori, RIVER sacó amplias ventajas en el juego y llegó a ponerse de cara al gol en varias ocasiones, principalmente en pies del mismo Affranchino.
Fue un tramo en el que debió aprovechar las ventajas en el juego para ampliarlas en la red, cuando Ortega se adueño de cada ataque del equipo, Almeyda –gran figura del partido- cortaba y ganaba toda pelota que quisiera traspasar la línea de medios y los centrales Ferrero y Maidana eran dos columnas infranqueables.
Todo esto respaldado por Carrizo, que aún sin mucho trabajo, mostró su habitual seguridad en cada intervención.
Pero se falló en el tiro del final y ya se sabe cuánto se sufre cuando la ventaja es mínima y queda un buen tramo por disputar.
Aunque el Globo había hecho poco y nada por empatar, el resultado le quedó –innecesariamente- a merced y emparejó las cosas en la segunda parte.
Por suerte fue tan tibio lo que insinuaron los de la Quema, que no inquietaron demasiado hasta el final, aún con un jugador más a partir de la inexplicable expulsión de Ortega.
Tres puntos de oro, una buena mejoría en el juego y la ilusión de ir viendo cada vez mejor plasmada la teoría del técnico Cappa en el campo de juego, fueron el saldo positivo de este triunfo inobjetable en la tarde de Parque Patricios.
Dos premisas afloran de a poco en este sinuoso camino: se gana y se mejora, para continuar cimentando las ilusiones.