Banfield se trajo un buen punto de Montevideo

Banfield terminó puntero e invicto la primera parte de la fase de grupos. No jugó bien pero trajo un puntazo del Centenario, trabajado a fuerza de personalidad.


Corazón y pases cortos. Garra charrúa en las mismísimas narices de los yoruguas acostumbrados a escuchar míticas historias, muchas de ellas escritas sobre el césped del no menos mítico Centenario. Una estadio, en definitiva, para hacerse hombre, para ponerse los pantalones largos, y Banfield superó esta prueba como a lo largo de toda esta Copa Libertadores: con una buena nota. Porque al término de la primera fase, el equipo de Falcioni ya pasó por dos partidos como visitantes, con un triunfo y un empate; y otros tres puntos sumados de local. Un invicto que lo tiene solo, y cómodo, en la punta de la tabla y con una virtual clasificación en el bolsillo. Y si bien anoche, en Montevideo, no fue precisamente el mejor de sus partidos, lo hizo bien ante un rival con historia copera.

Banfield supo reaccionar en la adversidad, porque a los cinco minutos ya perdía 1-0 y más: antes, a los dos minutos, Nacional se había comido un gol de ésos difíciles de fallar. ¿Qué hizo el Taladro? Mantener la calma. Salió Falcioni desde el banco y bajó una línea clara, inconfundible desde lo gestual: las palmas hacia abajo. Tranquilidad ante un Nacional que en ese momento lo estaba superando claramente, porque, incluso, después del 1-0 pudo haber llegado el segundo. Pero con paciencia de araña, el Taladro tejió una tela en la que envolvió a los uruguayos y de buenas a primeras se dio cuenta que ganaba 2-1, que había dado vuelta el resultado con valentía, oportunismo y, está dicho, con calma.

Sufrió mucho las pelotas paradas y en movimiento que llegaban al área en formato de centro llovido al segundo palo. Cosa extraña en este equipo, que en el último tiempo venía mostrando una seguridad defensiva que anoche no logró imponer. Pero, bueno, nadie es perfecto en definitiva y la de anoche, quizá, fue junto a la de Newell’s por el Clausura (1-2) la noche más imperfecta de Banfield en lo que va del 2010. Pero, detalles técnico-tácticos al margen, el desafío anímico de plantarse en un estadio como éste de Montevideo, y bancarse la que venga -incluso el resultado en contra inicial- significó una asignatura que ya no es pendiente. Si a fuerza de experiencias se hace el hombre, Banfield está forjando su personalidad y se va transformando en el responsable de su destino. Ojo, esto no quiere decir más que lo que es: en uno de sus peores partidos, respondió con amor propio y convicción. Las cosas con la pelota no le salieron como últimamente, pero con el corazón le alcanzó. Corazón, pases cortos y una garra copera que, sostenida en el tiempo, puede dar buenos dividendos.

Fuente: Diario Olé

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