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Vélez sigue con su invicto

Vélez le ganó a Banfield y quedó a un punto de Colón. Hernán Rodrigo López y Maxi Moralez le dieron el triunfo al equipo del Tigre Gareca, mientras que Bertolo había empatado para Banfield. Racing sufrió peor que en un parto para ganarle a River. El arquero le hizo honor a su apellido y, sobre la hora, le tapó una increíble a Rosales. Por eso, la gente lo ovacionó por primera vez.Newell’s y Argentinos jugaban para darles aire a sus técnicos y lo consiguieron a duras penas. El Lobo rescató un 1-1 merecido pero insuficiente. Y a Tigre se le fue un triunfo que ya estaba saboreando.


VELEZ 2 – BANFIELD 1

Vélez no se baja. El equipo del Tigre Gareca le ganó bien a Banfield y quedó a un punto de Colón, el líder del Clausura. El uruguayo Hernán Rodrigo López abrió el partido, pero Bertolo lo empató. Cuando parecía que otra vez Falcioni amargaba al Fortín, Maxi Moralez clavó una volea para darle los tres puntos y seguir soñando con el campéonato.

No le resultó fácil a Vélez pasar el escollo de Banfield. Es que más allá de que las estadísticas muchas veces no sirvan, en el Taladro debutaba Falcioni como entrenador. Pelusa, un viejo conocido en Liniers, ya lo había enfrentado en once oportunidades y sólo había perdido en tres. Sin embargo este Vélez, que no luce tanto, es efectivo y tiene jugadores que marcan la diferencia. En el primer tiempo lo hizo López y sobre el final Moralez, quien no había tenido un gran partido, tomó un rebote y la clavó en el ángulo izquierdo de Lucchetti.

Ahora Vélez quedó como único escolta de Colón y sólo podrá ser superado por Lanús, que a las 19.30 de mañana se enfrenta con Independiente.

RACING 1 – RIVER 0

El que avisa no traiciona, River. Lo pensó, lo sintió en carne propia. Sabía que el clima del lado visitante del Cilindro sería terreno hostil. “Si me insultan que lo hagan bien fuerte, porque me agrando”, había desafiado, vía Olé, a los hinchas millonarios. Y no arrugó. Más bien todo lo contrario. El termino agrande le quedó corto y Pablo Migliore se agigantó en el arco. Como en Rocky IV, una de sus películas preferidas, el ex Boca acabó por ganarse la ovación de un público académico que supo abuchearlo, también ignorarlo y que ayer por primera vez lo despidió del Cilindro con un sentido “Miglioreee, Miglioreee”.

Es que lo del arquero fue, para sí mismo, una tarde perfecta. Una que habrá soñado la noche anterior y que, al fin, se le hizo realidad. “Sin dudas, fue mi mejor partido en Racing”, reconoció el uno, quien dejó el fanatismo dentro del terreno de juego y, vale reconocerlo como buen ganador, no picanteó al rival de toda su vida en medio de los flashes. Aunque sí es cierto que durante el match vivió en un mundo paralelo y ahí se descargó. Entró tirando ganchos al boleo, al mejor estilo Chacón, y cuando se paró de espaldas al arco de River sólo atinó a sonreír. Era consciente de que el mejor antídoto para silenciar tantos insultos era poner los puntos de movida. Y lo hizo. La primera, recién a los 27 minutos, fue un manotazo que sacó del ángulo ante un tiro libre de Abelairas. Ahí comenzó a alimentar su ego y forjó una presencia de acero.

Entonces no extrañó que en el ST la hinchada local lo arengara como nunca y que sus compañeros se apoyaran en él para sostener una fortaleza que se debilitó por la expulsión de Caballero, pero que encontró en Migliore, que ya lleva tres partidos con el arco invicto, al bastión de la heroica defensa.

Y vaya paradoja, fue él mismo, esclavo de sus palabras, el que noqueó a los de Gorosito. “A River hay que voltearlo en el segundo round”, había disparado con precisión y acertó. Porque Lugüercio fue quien mandó por primera vez a la lona al rival y el arquero dio el golpe letal. A los 43′ le tapó con solvencia una media vuelta a Rosales y un minuto después atajó un cabezazo de Ferrari. Por eso la imagen final se inundó de sentimientos genuinos. El Loco se derrumbó en el área chica, su ring, y entendió que la pelea había terminado. Todos se le tiraron encima, encontró en la platea a sus afectos y se fue, cargado de ironía, saludando a los de River. Ya había ganado por nocaut.

NEWELL’S 1 – ARGENTINOS 1

La torta salió indemne. Y Newell’s compartió con Argentinos algunas migajas de pan. Porque eso significa este empate para ambos. Es cierto que aunque no quebraron su chata actualidad, el puntito les garantiza la continuidad tanto a Roberto Sensini como a Claudio Vivas, pero, justamente, el 1-1 es miguitas para hoy y hambre para mañana. Porque por más que en el partido hubo algunas emociones, los dos necesitan cambiar mucho como para poder empezar a trepar posiciones, lo que les daría más respiro a los entrenadores.

Ni de uno ni de otro, el partido fue compartido, más por errores que por ambiciones. Newell’s, que llegaba con la necesidad de cortar la malaria de cinco partidos sin ganar, arrancó como para llevarse puesto a Argentinos, que también está urgido de victorias, ya que todavía no ganó en el torneo. Pero la visita, lejos de asumir protagonismo, se lo cedió al local. De la mano de Formica (un tiro libre suyo pegó en el travesaño), todo fue de los rosarinos. Contagiado Bernardi (Torrico le sacó un muy buen disparo) ofició de socio para el conductor, aunque es justo decir que sus movimientos hacia el medio del campo hicieron que su equipo desaprovechara su banda. Así y todo, quizás agobiado, Newell’s cedió terreno y pelota, permitiendo que Argentinos se acercara y estuviese cerca de convertirle (reclamó gol en una acción de Pavlovich -ver página 15-). Habría sido injusta esa ventaja…

Como también que la Lepra ganara. Hasta que consiguió la ventaja era triunfador indiscutible, pero cometió el mismo pecado que en la primera parte, retroceder, con el condimento de que además no supo cerrar el partido. Su repliegue hizo crecer a Ortigoza y Mercier en el medio, mientras que el juego fue bien leído por Vivas, quien metió cambios ofensivos (Rius y Peñalba por Prósperi y Quiroga) cuando la guillotina pendía sobre su ser. Para colmo, Salcedo perdonó dos veces al Bicho. Y Canuto aprovechó la que tuvo para empatar e insuflar aire. O migajas.

GIMNASIA (J) 1 – TIGRE 1

Diego Cagna, el impulsor de la moda de la remera con una leyenda futbolera, salió a la cancha con el mensaje “no importa en qué cancha juguemos”. Claro, al DT del Matador no le interesaba algo que sí tiene que estar preocupando a Héctor Arzubialde, porque uno de los enemigos que tuvo ayer el Lobo jujeño fue su propio campo de juego. Se toma como atenuante que en San Salvador llovió en diez de los últimos 14 días y que tanta agua atentó contra el buen estado del césped, pero Gimnasia tuvo que remar el resultado por culpa de un pique traidor de la pelota en las bruces de Gastón Pezzutti: derechazo de Carlos Luna (tras un error de Loeschbor, que no se decidió a rechazar), la pelota que salta como un conejo frente al arquero y se mete, en el inicio del segundo tiempo. Hasta ahí, el Matador poco había hecho para ponerse al frente…

Y desde ahí, con pico y pala pero sin perder la fisonomía de equipo que intenta jugar, Gimnasia siguió con su búsqueda. Abriendo bien la cancha, con Ricky Gómez en la izquierda y Ferradas en la derecha, pero careciendo de peso en el área. Se le nota la ausencia de un 9 tanque, y Calandria no pudo solucionar tal falencia cuando Arzubialde lo mandó a la cancha, promediando el segundo tiempo. Entonces hubo pocas chances de romper el esquema defensivo de Tigre, bien sostenido por la firmeza de Fontanello y la pericia de Arruabarrena para cerrar tanto en el lateral como cuando fallaba Blengio, que no tuvo un regreso precisamente feliz.

Sólo una chance tuvo el Matador de poner un 2-0 que podía tener olor a sentencia definitiva, pero al derechazo de Morel le faltaron diez centímetros de justeza para que se convirtiera en gol. El resto fue lucimiento de Islas, quien a puro salto y revolcón sostenía el 1-0. Busse, Mateo y Calandria desfilaron inútilmente frente al arco del Matador, que finalmente fue vulnerado por un penal de Ricky Gómez (violento, seco y al medio) tras una mano de Jerez. Y sólo faltaban tres minutos.

A Gimnasia se le cortó el impulso ganador que había tomado con el arribo de Arzubialde. Conseguir el empate en el final le quita algo de dolor a los dos puntos que, según dijo su técnico, dejó en el camino. Sabe que esta lucha es cruel y es mucha, y que de acá al final tendrá poco margen para disfrutar lo que vaya logrando, porque depende tanto de los resultados propios como de los ajenos.

Fuente: Telam

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