Los goles que faltaban
Que el rey Pelé marcó mil goles es algo harto conocido por todo el mundo futbolístico, y casi diría que no futbolístico también. Y mucho más teniendo en cuenta que le convirtió su célebre anotación milenaria a un arquero argentino, con un penal medio perdido, lejos ya de las grandes ligas mundiales.
Más acá en el tiempo asistimos incrédulamente a los intentos irrefrenables del carioca Romario de llegar a la misma cifra. Vemos cómo extiende infamemente una gloriosa carrera, juega en equipos más que modestos, y pide patear todos los penales y tiros libres que le pasen cerca. Al punto de convertirse en un monumento al siempre enaltecido egoísmo del goleador.
Lastimeramente para él resultó que cuando ya descorchaba para el brindis por su meta cumplida, un aguafiestas de esos que nunca faltan, dijo, aseveró, que todavía le faltaban una buena cantidad de gritos para llegar a los mil. Casi como una afrenta sin sentido, un cachetazo en la ilusión de un pibe de cuarenta y tantos años.
Hasta acá Pelé sí, Romario no.
¿Y nosotros no tenemos ningún perseverante perseguidor de las redes rivales? Claro que sí. Y con final feliz, aunque un poco sospechoso.
Eduardo Gutiérrez Cortinas es un músico uruguayo. Que además de regalar melodías al mundo, hizo unos cuantos trabajos detectivescos para mensurar cifras y datos estadísticos sobre cuestiones de fútbol. Tan apasionado era por las precisiones numéricas que llegó a ser una fuente de consulta permanente por la misma FIFA; corrigiendo en varias ocasiones datos incorrectos, y colaborando con esta entidad enguanta nomenclatura de números se perseguía.
Entre las tantas investigaciones llevadas a cabo por el uruguayo, la que causó más sensación fue la que declamó ante el mundo del fútbol rioplatense de que Luís Artime, el viejo, el padre, el artillero, había marcado, en toda su carrera, la friolera de 1029 goles. ¡Caramba!
El goleador nacido en Mendoza, y apodado “El diente”, según una profunda recopilación y un extenso conteo, pegó 29 gritos más que el propio Rey.
En abril de 1978, en la revista goles, y en mayo de 1979 en El Diario de Montevideo, aparecen cifras que impactan. En la liga de Junín, antes de viajar a Buenos Aires, Artime hizo 354 goles, según Atilio Garrido, periodista deportivo dedicado al fútbol de once.
Después se señala que jugando para Atlanta, River, e Independiente, el crack metió 165 goles más; agregando otros 103 que anotó en amistosos internacionales de selección y clubes. Con algunos en partidos de baja importancia y casi no oficiales contaba un total de 303 cuando emigró al exterior. Pero sigamos: 51 en el Palmeiras, 155 en Nacional de Montevideo (donde es ídolo absoluto), y 18 modestas conquistas en el Flu de Río de Janeiro.
Pero faltaba la tarea del Sherlock Holmes de la banda oriental, y con ella, el minucioso Gutiérrez Cortinas llegó a la conclusión exacta de que el pichichi de Mendoza hizo 1029 pepas. Con el curioso y sospechoso agregado de que contabilizó 148 goles que el mendocino convirtió jugando en los campeonatos del servicio militar. Esos que faltaban para ser un rompe redes de más de diez centenas.
¿Habrá hecho Romario la conscripción? Con el detallista Gutiérrez como su contador regente, por ahí suma lo que necesita en algún torneo de playa, allá en Copacabana. Avísenle.
Piojo









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