Una nueva fecha del apertura ’08. Acá les traemos los resultados del viernes y del sábado, donde lo más importante es el triunfo de los Jujeños, la salida de Ubeda como DT del globo y las victorias de la Lepra y del Ciclón.
VIERNES:
GIMNASIA (J) 4 VS. HURACAN 3:
Todo jujuy está de fiesta: a puro zapatazo, Gimnasia le ganó a Huracán el (hasta ahora) mejor partido del Apertura.
Lo paradójico es que fue protagonizado por, en números, los dos peores equipos del campeonato: Huracán llegaba penúltimo, y Gimnasia, último.
El carnaval fue del Lobo, en una faena que será difícil de empardar, por los vaivenes y por muchos de sus goles, en especial los del complemento.
Fútbol hubo poco, pero el déficit del juego fue cubierto con la emotividad, con la generosidad de espacios que dejaron ambas defensas, con ese final de potrero, aún con la chapa igualada en tres, en la que cualquiera podía ganarlo: faltaban piernas, sobraban metros, abundaban los ataques con superioridad y se lustraban el traste los defensores tratando de tapar agujeros. Y en ese ida y vuelta frenético, el Lobo se anotó un porotazo por haber entendido cómo debía vulnerar al rival. En el primer tiempo, Huracán metió pelea en el medio, con un triple 5 que disimulaba las carencias de ductilidad con el inteligente movimiento de Leandro Díaz, que se desprendía y se animaba a pisar el área (tanto que metió el 1-1). Y fue clave en ese lapso el grandote Barcos, lúcido generador de juego e incluso asistidor (al propio Díaz). Gimnasia corrigió las falencias en el complemento, con un mayor compromiso de sus volantes laterales, Pieters y Gómez, los abrelatas que usó Labruna para romper el cuadradito esquema de contención de Huracán.
Y en el segundo tiempo llegó una ráfaga de cinco goles, cuatro de ellos para ponerlos en un marco.
El Lobo no se sintió afectado por verse en desventaja en un partido que dos veces había tenido a favor. Pero el rival le dio una ayudita para que Carranza, Luna y Pieters convirtieran tres joyas. Tres bochazos que inflaron la red, soberbios chutazos que debían ser aplaudidos. El Pelado metió una volea, de aire, tras un centro de Ricky Gómez; Lunita se sacó de encima la ingenua marca de Herner y Díaz para someter a Limia con un tremendo derechazo que se metió en las espaldas del arquero; y Pieters clavó un derechazo contra un palo para el 4-3. Sí: uno mejor que otro.
Huracán está mal aspectado. Y es peligroso. Tenía un solo gol en el torneo, y el día que convierte tres, le hacen cuatro. Y el día que, por primera vez en el Apertura, va ganando de visitante, no mantiene el resultado. Ubeda parece sostenerse en el cargo. Pero si tiene alguien que le pueda dar un consejo, que le sugiera no hablar de que su equipo sufre una racha negativa. Sería inapropiado.
BANFIELD 0 – COLON 0:
Dos tiros en los travesaños, uno en el palo y hasta un gol mal anulado… Banfield no pudo ganar un partido en el que mereció más. Colón se fue contento con el 0-0.
Tremendo derechazo de Bustamante… travesaño; tremendo chutazo de Pio… travesaño; tremendo zurdazo de Vergara… palo. Mala noche para meter un gol, podría pensar Burruchaga sobre su Banfield. Y si para ratificarlo necesitaba ver alguna otra muestra, llegó la de Nieto, sobre la hora, mano a mano con Blázquez pero con tanta demora para definir que lo cerraron cuando debería haber pateado. Sí, mala noche para meter un gol, si ni siquiera con el que fue, el de Erviti, pudo festejar porque el árbitro Néstor Pittana lo anuló equivocadamente…
Buena noche para Colón, en definitiva, que jugó a lo que quiso jugar y se llevó lo que fue a buscar: un resultado satisfactorio, entendiendo un empate en el Sur como algo efectivamente productivo (además, mantuvo la diferencia a favor de un punto en la tabla de promedios). Pero en sí, el equipo de Mohamed no encaró el desafío como se suponía que debía hacerlo el segundo del torneo, uno de sus tres invictos. Mejor pájaro en mano que cien volando; mejor punto en el bolso camino a Santa Fe que arriesgar de más para tratar de ganar tres y disfrutar aunque sea por un par de días de la punta en soledad.
Durante el partido, el Turco hizo una lectura lógica de acuerdo a cómo se había dando el desarrollo. Mandó a Oyola a la cancha por Cardetti para tapar el sector por el cual Banfield podía hacerle la diferencia, el de Bertolo. El ex Boca, otra vez, fue figura en su equipo, pro la claridad que siempre trata de darle a la salida y también la calidad que aporta. Quizá, como lo sufrió Banfield en su conjunto, que no pudo lograr la profundidad necesaria como para lastimar más allá de los tiros de afuera del área. Pero vale, es destacable, la apuesta de Burruchaga de juntar buenos pies en Nico Bertolo, Erviti y Raymonda. Claro que más allá de este trío prometedor, el Taladro no debería descuidar quizá su punto más flojo: el juego aéreo. Colón le cabeceó seguido y hasta casi lo factura con Cardetti que se lo perdió debajo del arco. No hubiese sido justo, el que lo merecía era Banfield. Pero… Mala noche para meter un gol.
SABADO:
NEWELL’S 2 VS. LANUS 1:
Newell’s, con el debut de Cristian, perdía 1-0 y jugaba con 10. Pero el ex Lanús, aguante puro, fue as en la remontada. ¡Y justo ante el Grana!
Con y por aguante. Así le ganó Newell’s a Lanús. Y… El equipo de Gamboa le dio vuelta el partido y con uno menos en el campo. La carta marcada para el empuje Leproso fue el Ogro Fabbiani, debutante, al que llenaron de pelotazos para pivotear y desgastar al fondo granate. Y, al final, todos, con el overol, para bancar el triunfo en la vuelta al Parque.
La ilusión de jugar en casa y del bautismo con la rojinegra de Cristian Fabbiani -se le postergaba la llegada del transfer desde Rumania- hicieron de la previa algo más tentador que lo que provocaron las anteriores presentaciones leprosas. La idea era ser un equipo más “agresivo”, una muletilla contagiada por Gamboa a sus dirigidos. Y Newell’s lo fue. O, al menos, intentó serlo. Primero asfixiando a su rival: fue como un boxeador, ganando el centro del ring y golpeando al cuerpo. El Ogro era el faro y a su alrededor había movimientos constantes. Bernardello apretaba arriba, Monsalvo era vertical, Diego Torres no paraba de picar, y Cristaldo y Pérez abrían la cancha. Pero
cuando quiso cambiar de aire bajó la guardia: la presión no funcionó en un lateral, Sand la aguantó, rebotó en Spolli y Blanco tocó al gol. Sí, una mano al mentón y Newell’s trastabilló. Tanto que, como efecto secundario, Quiroga esperó el final del PT para recriminarle al asistente una falta y vio la roja por boca floja.
Tuvo todo a favor Lanús. Ventaja en goles y en jugadores: 11 contra 10. Aunque le faltó audacia. El golazo de tiro libre de Cristaldo pudo haber intimidado a la visita, que acusó el golpe. Pero le faltó reacción. Tuvo sus chances porque el fondo de Newell’s no coordinó bien un par de veces: en una Blanco definió al palo, en la otra le cobraron offside -inexistente- a Biglieri. Pero el terreno y la pelota eran del local. Lo había asegurado Schiavi cuando le hablaban del debut de Cristian: “Le tirás cualquier cosa y te la aguanta. Permite sacar al equipo en momentos duros”. Y el DT se jugó un pleno. Ganó. Debía variar y metió a dos volantes (Leandro Torres y Sperdutti, asistente en el 2-1) por las bandas que les alcanzaron la bola al Ogro y a Diego Torres.
El aguante, ahí, se volvió un lema colectivo. Era el turno de retroceder en bloque. Lanús fue a buscar ciego el 2-2 porque nunca logró ver una grieta para quebrar a un equipo desgastado por tanto esfuerzo. A los de Zubeldía les faltó ambición, despliegue de sus medios (sólo Blanco generó fútbol) y punch. Los de Gamboa fueron con corazón, la bola para Fabbiani y, en el ST, con volantes criteriosos en ataque. Un logro grupal, con muñeca del DT, sacrificio de todos y un as de punta de lanza. Un Logro Fabbiani…
GIMNASIA LP 1 VS. ARGENTINOS 1:
Gimnasia sufrió por su falta de gol y a Argentinos le faltó voracidad. Así, hicieron lo mejor que pudieron: llevarse un empate que será más lamentado que valorado.
No suma mucho. Para Gimnasia, será un empate que en el futuro le generará más lamentos que satisfacción. Y Argentinos, hoy y mañana, lo mirará de reojo, como un lunar molesto, que está, que no cambia nada, pero que nadie le podrá quitar.
Sanguinetti no sólo apostó por un mediocampo de toque, casi sin volantes de marca (el que más podía rasparse era René Lima) y más allá de decisiones erróneas a la hora de elegir nombres para realizar modificaciones durante el segundo tiempo, justificó el sueldo de la semana con el 1-0: jugada preparada para Piatti, quien salió del área y remató junto a un palo (¿el Topo le pagará el copyright a Mohamed o Simeone?). Mientras que Gorosito, expulsado sobre el final del primer tiempo, tuvo su mérito al recomponer su estrategia inicial: con tres en el fondo, Argentinos sufrió horrores durante la primera media hora, sobre todo porque Juan Fernández se olvidaba de que tenía una espalda. Si se quiere, tiene su mérito meter a Rodrigo Díaz pero, sobre todo, no haber reemplazado a Pavlovich, quien enganchó con el taco un pase del Rengo y de aire clavó el 1-1, en una acción fuera de contexto. Del partido en general y del suyo en particular.
Pero lo que se dice méritos para ganar, no hicieron. El partido fue un péndulo: Gimnasia creció por las bandas, aunque le faltó punch en el área; Argentinos niveló con su mayor peso específico de los volantes centrales y la productividad de Peñalba. Y en ese ir y venir, en lugar de crecer, ambos se achicaron: el local, con Piatti sentado en el banco (¿?), empezó a nublarse y se repitió en centros; al visitante le faltó voracidad –de hecho, tras la roja a Hauche, se quedó con un solo punta– y el pitazo se esperó como una excusa para lamentarse por el punto. Pero si miran bien, ninguno supo cómo llevarse más.
SAN LORENZO 2 VS. CENTRAL 1:
Con dos tiros libres impecables, Adrián González dio vuelta un partido que pintaba complicado. “Me voy perfeccionando, pero no me obsesiono”, dijo. Menos mal…
Me voy perfeccionando, pero no lo tomo como una obsesión. Generalmente practico cinco o seis veces antes de los partidos”. Sin estridencias, Adrián González soltó la frase con naturalidad. Como si no hubiese dimensionado que su pegada, exclusivamente esa capacidad, posibilitó una victoria que de entrada pintaba complicada, dejó a San Lorenzo en la punta del campeonato y a los hinchas festejando una actuación al cabo sólida, con final para lucirse, un triunfo justificado y con momentos de buen fútbol. Simplificado, en definitiva, por esa derecha oportuna, precisa y efectiva.
“Por suerte tengo esa virtud y hay que aprovecharla. Lo más importante es que sirvió para que el equipo ganara. Nos habían convertido en la primera que nos llegaron y lo fuimos a buscar”, aseguró con la satisfacción del deber cumplido, nada menos que su cuarto doblete en la red en dos años. El primero había sido el 8 de diciembre de 2006, en aquel accidentado 2-4 ante Quilmes. El resto, como remarcó en este caso, sirvieron para ganar: 3 a 2 a Chicago el 29 de abril de 2007 y 3 a 1 a Estudiantes el 1° de marzo de este año. A esta altura, algo más que una carta de gol circunstancial.
Ya los rivales deberían tomar recaudos para no cometer faltas cerca del área y favorables a su perfil. Desarticulado, con poco orden y la pierna a destiempo demasiado seguido, Central no evitó un riesgo que González capitalizó de modo impecable: ejecutó tres tiros libres, dos los clavó por encima de la barrera y al lado del palo más lejano de Broun. “Fue un partido fuerte, nadie regala nada. Cuando se puede jugar, tratamos de hacer la diferencia”, comentó sobre la violencia de algunos cruces, que generaron siete amonestados en Central y tres en San Lorenzo.
Pensar que, para Russo, no estaba confirmado su lugar como titular en el equipo: en su momento, había armado línea de tres con Tula, Méndez y Aguirre, con Rivero como volante por derecha. Después de esta actuación, cualquier duda parece haber quedado despejada más allá del esquema en cuestión y de su modestia: “No ganamos sólo por mis tiros libres”.
Después del primero fallido, contó que tuvo que convencer a Barrientos (la posición parecía más adecuada para un zurdo) antes del primer gol y ya en el del segundo tiempo no hizo falta. Mientras se siga perfeccionando…
RACING 0 VS. TIGRE 0:
Racing sigue mejorando de a poco. Busca jugar por abajo y atacar con bastante gente, pero sigue padeciendo su liviandad ofensiva. Tigre logró el punto deseado.
A la larga, dicen, los puntajes que los equipos consiguen son una consecuencia de su rendimiento. El factor suerte puede torcer un poco para allá o un poco para acá, pero no más. Sólo el tiempo, entonces, ubicará a Racing en esta escala. Consumido el primer cuarto del torneo, el balance numérico habla de un 33% de puntos obtenidos, cinco de 15: pocos para un equipo que necesita muchos porque así lo requiere la lucha anti-descenso. Sin embargo, la sensación térmica va a contramano y dice que este Racing de Llop se está acomodando y camina lento. Pero camina al fin. Como en aquella película nacional de los años 80, Darse cuenta, en la que el protagonista accidentado debe volver a recuperar el andar pero, mientras, sufre, se deprime, parece que nunca lo va lograr y al final da el pasito.
Racing tiene un andador y en eso se traslada, crece día a día. Hoy mejor que ayer, esperando mañana para seguir con su evolución. El diagnóstico indica algunas certezas que deberá pugnar por superar, como la falta de gol. Y vaya que tendrá que esforzarse y aguzar los sentidos para conseguirlo, porque de los goles depende ganar o no. Por eso, en cierto modo, sólo empató con Tigre. Porque las que tuvo no supo resolverlas, al igual que tantas otras a lo largo de estos cinco partidos que lo tiene con apenas dos goles a favor, uno de ellos -ante Argentinos- con el que sumó por única vez de a tres. Pero, en tanto, va reforzando ideas y tratando de forzar realidades. Jugando por abajo, apostando a la agresividad para recuperar la pelota en campo rival aunque a veces se atolondre y pase del vértigo al torbellino. Interesante la posición de Maxi Moralez, con gran despliegue para aparecer por cualquier lado, pedirla siempre y buscar el desequilibrio. Lo mismo que el ir constante por las bandas de los volantes. Tigre -que pareció conformarse rápido con la igualdad en Avellaneda- lo padeció, en especial en la primera etapa antes de que Cagna metiera mano y cerrara los extremos con el ingreso de Jerez. Ahí Racing se taró y el tiempo que se agotaba le agotó las piernas. Encima, la roja a Mercado -cuatro minutos después que la de Castaño- apuró las tablas cuando Racing se predisponía a sacar provecho del hombre de más. Pero fue hasta donde pudo, hasta donde le dio el cuero. Mañana, quizá, dé un pasito más.
Fuente: Diario Olé




