Argentinos 3 vs. Lanús 0: Le pasó el trapo al campeón
Con un Hauche encendido, Argentinos reafirmó lo que parece un pacto con Lucifer al jugar en su casa: le ganó con claridad a Lanús y, hoy, está en la Sudamericana.
Será incómodo para todos, o casi todos los que lo visitan. Será, sí, y las quejas de los vencidos harán ruido aquí y allá, pero llegará la hora, el día, en el que Argentinos coseche sus méritos y sonría exultante. Porque en su casa “no se puede jugar”, pero Argentinos juega. Y gana. Y juega bien. Y mete golazos. Y cierra caminos. Y abre, se abre, puertas.
Una puerta al paraíso continental. ¿Gracias a un pacto con el Diablo? Frente a Lanús, sumó su sexta victoria en ocho fechas jugando como local, estiró a una quincena los partidos sin caídas en la Paternal… ¿Nada más? Mucho más: con 58 puntos, superó a Vélez (55), Independiente (56) y River (57, ya clasificado) en la tabla para meterse en la próxima edición de la Copa Sudamericana.
Un infierno, casi literalmente, es visitarlo en su estadio. Lanús puede certificarlo. Un infierno, también, resultó Gabriel Hauche, el Demonio, para el equipo de Cabrero. Y vale decirlo: el Bicho, con futbolistas de buena talla, busca desmoronar defensas gracias al pivoteo de Delorte. Pero el grandote no debe tapar el bosque: Argentinos juega bien, porque también sabe a qué juega cuando busca por abajo. El desequilibrio en el resultado llega tras un saque de arco de Torrico, en la búsqueda de la peinada de Delorte. También el moño para el 3-0. Alvaro Pereira, optimista del rebote, la mete dos veces. Pero el fútbol brota de los pies de Hauche. Go-la-zo con caño a Hoyos primero y caricia al ángulo de Bossio después, otra definición exquisita que termina en el palo izquierdo, un taco genial para que el uruguayo se pierda otro grito…
Graieb sufrió toda la noche. Hoyos también. Lanús se plantó sólo un ratito, al inicio, cuando logró ganarle las espaldas a los volantes centrales. Pero al verse de frente a Torrico, tiró con cebitas. Blanco (sobre todo) y Valeri jamás retrocedieron para auxiliar a la defensa. Y entonces, en esa cancha acusada de estrecha e incómoda, el local fue ancho y utilizó los espacios a voluntad. El campeón, el actual campeón, no mostró una alta dosis de rebeldía ante el resultado. No lo hizo, tampoco lo dejaron. Extraña el fútbol de Valeri. Y ya extraña la frescura de Lautaro Acosta…
Argentinos, ya con ventaja de dos goles, le cedió campo y pelota. Torrico ayudó a desnudar las limitaciones ajenas. El Bicho pudo golear. Y sus hinchas pudieron cantar que “hasta jugar la Copa no paramos”. Poder, puede.
LEO RODRIGUEZ BRUNO | lrbruno@ole.com.ar
Fuente: Diario Olé









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