Sobre el final, el equipo de Victoria se llevó un triunfo por 2-1 y hundió más a los sanjuaninos en la zona de descenso.
SAN JUAN.- La impotencia de los sanjuaninos se vio en las tribunas, con ese puñado que amagó con invadir la cancha a puro insulto contra sus propios jugadores, y en sobre el césped, con todo San Martín apuntándole a Laverni como responsable de una nueva derrota que los deja más que nunca al borde del descenso. Tigre se aprovechó de esa desesperación y, después de ocho partidos, volvió a la victoria con un 2-1 indiscutible.
Dentro de la presión que acosa a San Martín parece que cualquier contratiempo sirve para desacomodarlo. Porque no había hecho un mal primer tiempo. Es más, antes y después del cabezazo de Carlos Recalde en el primer palo, que lo puso en ventaja, tuvo chances claras frente a Daniel Islas. El ida y vuelta de Recalde por la derecha y la movilidad de Martín Bravo complicaban, y las pelotas paradas generaban peligro. Bravo definió mal a los 6 minutos, entre Frontini y Tonelotto desperdiciaron otra chance debajo del arco, a los 14, y Gracía también pudo aumentar la ventaja con un remate cruzado. Pero Tigre, que había hecho algún mérito para marcar, por medio de dos llegadas claras de Ereros, encontró el empate en una de las últimas acciones del primer tiempo: una pelota profunda de Rusculleda, un rebote, y Pratto (habilitado) convirtió sin problemas.
El impacto por ese empate inesperado le duró todo el entretiempo a San Martín. Tigre salió más decidido, más atento al segundo tiempo. Tanto, que parecía que el que necesitaba desesperadamente los tres puntos era el equipo de Victoria. Ese ímpetu le duró 10 minutos a los visitantes, hasta que se dieron cuenta de que los roles estaban invertidos y que le convenía retroceder unos metros para aprovechar con espacios la creciente ansiedad del equipo de Quiroz. San Martín fue una y otra vez con más voluntad que convicción, y Tigre le respondió con contraataques profundos. Pratto lo tuvo dos veces, pero no pudo. Llegó la expulsión de De la Fuente y el visitante se dio cuenta de que lo podía ganar. Lo buscó y lo encontró con esa aparición en el segundo palo de Castaño. Para permitirle a Tigre volver al triunfo. Para dejar sin respuestas a un San Martín, que sigue en caída libre.
Luego de los insultos repartidos por los hinchas Sanjuanino, hacia el arbitro del encuentro, los jugadores y sobre todo hacia el presidente, este último decidió presentar su renuncia al máximo cargo de la institución.
En fin, el caos y la desesperación invadieron a los de San Juan por estar en zona de descenso y por ver que el equipo no puede responder para salir del pozo.
Por Enrique Merenda
Para LA NACION




